Colección de cucharitas
Todos los sitios del mundo tienen algo en común que cualquier visitante puede comprar: una pequeña cucharita con el nombre del lugar.
Podrá ser de alpaca, plata, cobre o de cualquier aleación, siendo además livianas, de bajo costo y se pueden traer sin inconvenientes.
Yo junto cucharitas, no digo colecciono porque es una palabra muy fría. Cada una de ellas es especial, tienen historia propia.
Mientras eran pocas era fácil exhibirlas. Cuando llegué a juntar más de cien se convirtieron en un problema y al pasar las doscientas el tema se hizo inmanejable.
Yo quería exhibirlas bajo las siguientes premisas: que estuvieran a mano y que cualquier visita pudiera verlas.
Un día compré El Pulpito para pegar un azulejo. Sin pensarlo tomé una cucharita y la pegué en la pared del living con El Pulpito, le siguió otra y otra.
Todas permanecían en la pared y esa misma noche me animé y pegué otras.
Cuando tenía tiempo y en infinitas noches iba colocando de a tres o cuatro. Sin un plan establecido ellas mismas se fueron acomodando por continentes, estados y ciudades de Italia.
No se despegó ninguna.
Hoy tengo doscientas cucharas pegadas en la pared con El Pulpito. Ya pasaron años y siguen firmes como el primer día. Las demás, que no entraron en la pared, descansan sobre una mesa.
Estos años agregué algunas más, en especial la que recibí como regalo con el escudo de Córdoba.
Marta Agnessini.
La Falda, Córdoba.